Dirige tu central con los números de hoy.
Un solo panel que unifica tu ERP, básculas, calibradora y Excels. Sabes tu coste real por kilo, por debajo de qué precio pierdes dinero y qué se ha desviado — dentro del mismo turno, no en el cierre de mes.
Un solo panel que unifica tu ERP, básculas, calibradora y Excels. Sabes tu coste real por kilo, por debajo de qué precio pierdes dinero y qué se ha desviado — dentro del mismo turno, no en el cierre de mes. Sin tocar tu ERP.
Un solo panel que unifica tu ERP, básculas, calibradora y Excels. Sabes tu coste real por kilo, por debajo de qué precio pierdes dinero y qué se ha desviado — dentro del mismo turno, no en el cierre de mes.
15 días
Merma, rendimiento e incidencias se conocen en el cierre, cuando ya no se puede corregir el turno. Y el precio se fija con el margen del año pasado, porque el coste real de cada partida no se sabe hasta que cierra la contabilidad.
Con márgenes del 1 al 3 %, un error de tres céntimos por kilo en una partida de 100 toneladas son 3.000 € — varias veces lo que esa operación iba a dejar. Y no te enteras hasta quince operaciones después.
No existe una fuente única de datos. De ahí sale todo lo demás.
Para saber tu coste real hay que cruzar cinco sitios que no se hablan, y hacerlo a mano cuesta una tarde entera. Por eso nadie lo hace a diario.
Esto va antes que la solución, a propósito. Son las tres promesas que hace todo el mundo en este sector y que no se sostienen.
Esto es lo que ve tu equipo cada día, cada uno lo suyo y todos la misma verdad.
Aquí es donde el panel deja de ser informativo y pasa a decidir dinero.
No lo que pagas en campo: lo que cuesta el kilo que de verdad sale por la puerta, con el rendimiento de esa partida y el destrío ya descontado.
Coste vendible más tu margen objetivo, por producto, formato y calibre. Se recalcula cada vez que cambia lo que tienes en cámara. Es el fondo de la negociación.
El espejo del anterior: lo máximo que puedes pagar por esa variedad para que siga saliendo el margen. Es lo que falta cuando llama el corredor.
0,3 %
El flujo físico de una central cierra: los kilos se venden, se destrían, se pierden en línea o se quedan en cámara. Lo que no cierra es el registro. Cada jornada hay entradas pesadas que administración aún no ha metido, y mientras no se graben no existen para ningún coste ni para ninguna liquidación.
La primera entrega del proyecto no es una pantalla bonita: es esta auditoría, con tus números y de una partida real. Es lo que convierte «no me fío del dato» en una cifra concreta que se puede corregir.
Una central de 3 M€ con seis fuentes desconectadas es mejor cliente que una de 20 M€ con todo integrado.
Tres fases, y la primera entrega no es una pantalla: es la auditoría de cuadre con tus números.
Leemos de tu ERP, básculas, calibradora y Excels tal y como están hoy. No migramos nada y no escribimos nunca.
Todo a una capa central única, resolviendo las incoherencias entre fuentes. Una sola versión de la verdad, con cada métrica definida una vez.
Entregado funcionando y con el equipo formado, quince minutos por rol. Después mantenemos las conexiones vivas.
Garantía: Si en la primera semana no te enseño un dato que hoy no tienes, paramos y no facturo la segunda fase. Y el criterio de aceptación se firma antes de empezar: los kilos de la última semana según el panel coinciden con los de tu ERP dentro del 0,5 %.
90 días
Menos de 15 minutos para dar un precio. Cero ventas por debajo del suelo sin saberlo. La mitad de kilos sin explicar. Y una decisión concreta con nombre y fecha: un cliente repreciado, un formato eliminado, un techo de compra cambiado.
El anti-test: si a los 90 días me dices «los paneles están muy bien» pero no puedes citar una decisión, un euro o un tiempo que hayan cambiado, esto habrá fracasado aunque todo funcione.
Once paneles sobre una central ficticia con una campaña entera de datos que cuadran entre sí. Cambia de jornada con las flechas, abre cualquier cifra hasta el albarán que la compone y cambia de aspecto con los cinco puntos de color.
Paneles de operación
Paneles de decisión
Los datos son de demostración y la central no existe, pero los órdenes de magnitud son los de una central del Poniente almeriense. En tu casa se verá así siempre y cuando tus fuentes de información puedan dar dichos resultados: si un dato no lo registra hoy nadie, no aparece por arte de magia.
Fig. 01 — La presentación completa, y al final los paneles para trastear.
2 semanas
1 fuente
15 min
Todos los dolores de abajo son la misma enfermedad vista desde seis ángulos: no existe una fuente única de datos. Y con márgenes del 1 al 3 %, un error de tres céntimos por kilo en una partida de 100 toneladas son 3.000 € — varias veces lo que esa operación te iba a dejar.
Merma, rendimiento e incidencias se conocen en el cierre, cuando ya no se puede corregir el turno.
El ERP dice una cosa, el Excel otra, la báscula otra. Las reuniones se van en cuadrar cifras.
Compras a 0,67 €/kg, pero si el rendimiento es del 84 % esa fruta te cuesta 0,79 antes de tocar la confección. Casi nadie hace esa cuenta por partida.
Llama el corredor y hay que decir sí o no en cinco minutos. Sin saber lo máximo que puedes pagar, se paga de más en caliente.
El margen que miras es sobre tarifa. El de verdad, tras portes, plantillas, rappel y abonos, va de 4 a 8 puntos por debajo.
Dos o tres personas dedican días cada mes a montar informes que llegan tarde y con errores.
Esto va antes que la solución, a propósito. Son las tres promesas que hace todo el mundo en este sector y que no se sostienen.
Una central de 3 M€ con seis fuentes desconectadas es mejor cliente que una de 20 M€ con todo integrado.
Un único panel que centraliza lo que ya tienes y lo convierte en decisiones. Sin migrar tu stack, sin cambiar cómo trabaja tu equipo.
El gerente ve sus cinco números; producción los suyos; calidad los suyos. Cada vista se actualiza en cuanto entra el dato.
No lo que pagas en campo: lo que cuesta el kilo que sale por la puerta, con el rendimiento de esa partida y el destrío ya descontado. De aquí cuelga todo el pricing.
Por debajo de qué precio pierdes dinero, y hasta cuánto puedes pagar por esa variedad para que siga saliendo el margen. Los dos, recalculados con lo que hay hoy en cámara.
Cuando la merma se sale de rango, una línea cae bajo objetivo o alguien vende por debajo del suelo, avisa en el momento — no en el cierre de mes. Nunca más de cinco o seis avisos al día.
Una página en el móvil a las 07:30, y el mensual y el cierre de campaña generándose solos. Nadie vuelve a montar el cierre a mano.
Quince comprobaciones cada jornada: balance de materia, kilos de báscula contra ERP, anticipos que se quedan cortos. Con dueño y acción, no solo un aviso.
Y no te vendo el proyecto entero: te vendo las dos primeras semanas. La primera entrega no es una pantalla bonita, es la auditoría de cuadre con tus números.
Leemos de tu ERP, tus básculas, tu calibradora y tus Excels tal y como están hoy. No migramos nada.
Todo en una capa central única. Resolvemos las incoherencias entre fuentes: una sola versión de la verdad.
Entregado funcionando y con tu equipo formado. Después, mantenemos las conexiones vivas.
Garantía: si en la primera semana de conexión no ves un dato que hoy no tienes, paramos y no pagas la segunda fase. Y el criterio de aceptación se firma antes de empezar: los kilos de la última semana según el panel coinciden con los de tu ERP dentro del 0,5 %.
Fig. 03 — Cuatro fuentes, una sola verdad.
ERP y gestión: Hispatec (ERPagro), Sage 200, Business Central, SAP Business One, a3ERP, Odoo, Distrito K, Ekon.
Calibrado y confección: Maf Roda, Ellips, Multiscan, Aweta, Compac.
Básculas y pesaje: Bizerba, Mettler Toledo, Marel, Dibal — báscula de camión y de línea.
Y además: Excel y Google Sheets, partes de calidad y trazabilidad, sensores de frío, facturación y partes de turno digitalizados.
Con usuario de solo lectura, siempre. Nunca se escribe nada en tu ERP. El acceso lo solicitas tú a tu proveedor por escrito y no me conecto a nada hasta tener esa respuesta archivada. Si el panel se cae un lunes de plena campaña, tu planta pesa, confecciona y factura exactamente igual: el sistema lee, nunca está en el camino crítico.
¿Usas algo que no está en la lista? Lo conectamos igual: la arquitectura es agnóstica a la fuente.
Ejemplos construidos con ratios reales del sector; nombres y cifras ficticios. Enseñan el método, no son testimonios.
Una central de cítricos cruza ERP + Excel de producción + báscula y descubre 3,8 c€/kg de sobrecoste en pequeño calibre. Renegocia dos contratos: +142.000 €/año.
Una central de pimiento cruza rendimiento por finca con precio de venta y ve que lleva media campaña pagando 4 c€/kg por encima del techo en dos variedades. Ajustado el criterio de compra: +118.000 €/año.
Una cooperativa de tomate cruza calibradora + ERP + partes de calidad: la merma baja del 8,4 % al 6,1 % en cuatro meses. ≈ 96.000 €/año recuperados.
Un exportador calcula por primera vez el margen neto tras portes, plantillas y abonos: su segundo cliente por volumen estaba en negativo. Repreciado: +5 puntos sobre esa cuenta.
Una cooperativa mide por primera vez su balance de materia: 0,7 % de lo entrado no aparecía por ningún lado. A precio de venta, 74.000 € al año. En cuatro meses, la mitad.
Un exportador cruza ventas con coste de frío y transporte: tres clientes con margen negativo. Renegociados o soltados: +6 puntos de margen neto.
Cinco criterios medibles, no adjetivos. La línea base de cada uno se toma durante el arranque, para que a los tres meses no discutamos de sensaciones.
De «me piden precio para 20 palés» a darlo conociendo el fondo. Hoy: medio día de llamadas y Excel.
Las conscientes se registran con quién las autorizó. Hoy la respuesta a «¿cuántas hubo?» es que no se sabe — y esa es la línea base.
Del porcentaje que salga en la primera semana, a la mitad, con una revisión semanal de diez minutos que hace tu equipo solo.
Contrastado contra dos liquidaciones reales. Si el coste que dice el panel no aguanta ese contraste, no sirve para fijar precios y hay que decirlo.
Un cliente repreciado, un formato eliminado, un techo de compra cambiado. Este es el que de verdad importa.
Si a los 90 días me dices «los paneles están muy bien» pero no puedes citar una decisión, un euro o un tiempo que hayan cambiado, esto habrá fracasado aunque todo funcione.
No, y no se toca. Se lee con un usuario de solo lectura sobre las tablas que hacen falta. Nunca se escribe.
Perfecto: ese caos es lo que unificamos. Cuanto más disperso, más valor aflora. Y tu Excel no se sustituye: pasa a ser fuente oficial del sistema.
Entonces tu coste depende del precio de venta, no al revés, y hay que decirlo en voz alta. Ahí el panel protege otra cosa: que la tarifa de gastos que retienes cubra tu coste real, y que ningún anticipo se pase de lo que la campaña va a dar.
El montaje es nuestro. Pedimos accesos, un par de llamadas cortas y una mañana en planta. Dos semanas después, panel funcionando.
Aparecerán. Por eso lo primero que se acuerda es la amnistía de datos: lo que aflore no se usa contra nadie. Sin ese acuerdo, todo el que registra datos aprende a registrarlos bonitos.
Desde el primer día tienes la carpeta de continuidad: credenciales, esquemas y el documento de cómo apagar y reencender esto sin mí. El panel es tuyo y tus datos no salen de tu control.